Nutrir la Promesa: El rol de la Iglesia en la nutrición Infantil

¿Por qué la iglesia también debería preocuparse por la nutrición física de la niñez?

Hace algunos años, mientras servía como maestra de escuela dominical, recuerdo la emoción desbordante al planificar nuestra Escuela Bíblica Vacacional. Mi enfoque era total: me esforcé para que la temática fuera cautivadora, los estudios bíblicos profundos y los recursos didácticos estuvieran a la altura. Teníamos voluntarios comprometidos y padres entusiasmados; todo estaba organizado para que cada actividad acercara a los niños al corazón de Jesús.

Coordinaba talleres específicos en función de las necesidades de cada congregación. Sin embargo, al analizar esas experiencias, me di cuenta de una constante: hablábamos de pedagogía, de manualidades y de teología, pero casi nunca mencionábamos cómo alimentar a los niños en nuestras actividades eclesiásticas ni cómo abordar este tema con los padres.

Es cierto que la esencia de la iglesia es la nutrición espiritual, pero estamos llamados a ser mayordomos integrales de sus cuerpos y almas por igual. Al nutrir sus cuerpos, los estamos preparando para alcanzar los sueños que el Señor ya ha prometido para sus vidas. Por eso, en este blog, quiero compartirte consejos prácticos para mejorar nuestro trabajo con la niñez y convertir a la iglesia en un verdadero refugio seguro de nutrición para ellos.

Jesús: El Maestro de la Mayordomía Integral:

El mejor ejemplo de cuidado y provisión lo encontramos en Jesús. Al mirar los milagros de la multiplicación de los panes y los peces, descubrimos a un Salvador profundamente interesado en la salud física de quienes le seguían. La Biblia nos relata que Jesús sació a una multitud donde se contaban "cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños" (Mateo 14:21). Lo mismo ocurrió cuando alimentó a los cuatro mil, movido por la compasión para que no desmayaran en el camino (Marcos 8:1-9).

Es fascinante notar que Jesús no multiplicó cualquier cosa, sino que utilizó el almuerzo de un niño: cinco panes de cebada y dos peces (Juan 6:9). Esta era una combinación inteligente y necesaria de nutrientes. Jesús validó esa provisión, ofreció el alimento correcto y sació la necesidad física de cada pequeño. Además, nos enseñó un principio vital de administración: no permitieron que se desperdiciara nada, sino que recogieron las sobras en cestas, honrando la provisión divina (Mateo 14:20).

El Desafío para la Iglesia de Hoy

Nuestro desafío es mirar a cada niño como un ser humano integral. De ahí nace la urgencia de no descuidar su alimentación. A menudo, reducimos este acto a un simple refrigerio rápido, como galletas o gaseosas, o premiamos su participación con dulces que no aportan valor nutricional.

Debemos entender que, aunque nuestra intención jamás sea causarles daño, al no elegir con cuidado el alimento correcto, no estamos ejerciendo una mayordomía completa. Ser un "refugio seguro" significa que, así como nos esforzamos por la pureza de la enseñanza bíblica, debemos esforzarnos por la calidad de lo que ponemos en sus manos. Estamos llamados a ser imitadores de aquel Jesús que se aseguró de que sus cuerpos estuvieran fuertes para seguirle.

Ideas Prácticas para tu Iglesia

1. Refrigerios inteligentes y logística:

El objetivo es reemplazar el azúcar refinado por energía que ayude a los niños a concentrarse en lugar de hiperactivarlos.

  •  Pinchos de frutas "Arcoíris": Use frutas locales y de temporada. Son visualmente atractivos y aportan vitaminas y agua.

  • Estaciones de yogur o avena: Coloque boles con yogur natural o avena cocida fría y permita que cada niño agregue fruta picada, pasas o frutos secos.

  •  Hidratación natural: Prepare jarras de agua infusionada con rodajas de naranja, limón o menta, en lugar de jugos en cartón o gaseosas.

  • Higiene y orden: Garantizar agua segura y el lavado de manos es un acto de amor. "Hágase todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40).

  •  La medida justa: Involucrar a los padres en la planificación de menús es una gran oportunidad para aprender juntos. Planifique las porciones para evitar el desperdicio, recordando el principio del maná donde cada uno recogía según lo que podía comer (Éxodo 16:18).

2.  Educación nutricional a través del juego: 

  • La pequeña chakra (huerta): Si la iglesia cuenta con un espacio verde o patio, use macetas para sembrar hierbas aromáticas o tomates. Ver crecer el alimento conecta la gratitud hacia la Creación con la nutrición.
  • Historias bíblicas con alimentos reales: Al contar historias como la multiplicación de los panes, use ejemplos de alimentos reales para hablar de cómo Dios creó la naturaleza para cuidarnos.
  • Talleres de "Mini-Chefs":

3.  Fortaleciendo a la familia y la comunidad:

  • Charlas para Padres: Invite a profesionales de la salud de la congregación para hablar sobre cómo estirar el presupuesto familiar comprando alimentos nutritivos de temporada.

  • Banco de Alimentos Saludables: En las campañas de donación, anime a los hermanos a dar proteínas de calidad (huevos, atún) o vales de vegetales frescos, además de los granos básicos.

  • Campamentos con Propósito: Asegúrese de que el menú incluya siempre ensaladas y frutas, evitando que sea solo "comida de fiesta" procesada.

  • Un consejo de oro: Para dar el primer paso, es de gran ayuda conversar con los padres o crear un pequeño comité de salud en la iglesia. Muchas veces hay profesionales de la salud o personas apasionadas por la cocina dentro de la congregación que estarían encantadas de liderar este cambio de menú. Recuerda este principio bíblico: "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma" (3 Juan 1:2).

Un llamado a la Reflexión y la Acción

Para concluir, quiero invitarte a meditar en las palabras del profeta Isaías:"¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?" (Isaías 55:2).

Este texto nos confronta sobre la calidad de lo que ofrecemos. Si descuidamos la nutrición de los más pequeños, estamos entregando algo que no sacia su necesidad integral. La buena noticia es que siempre estamos a tiempo de corregir el rumbo.

Cada vez que elegimos una fruta en lugar de una golosina, cada vez que enseñamos a un niño a lavar sus manos con excelencia o cada vez que orientamos a un padre, estamos honrando el diseño de Dios. Convirtamos nuestras iglesias en verdaderos refugios de nutrición.

¡Empecemos hoy mismo, un plato y una enseñanza a la vez!


Sobre la autora: Susana Tenesaca es Especialista de Fe y Desarrollo en World Vision Ecuador y Nutricionista Dietista con maestría en Responsabilidad Social Corporativa y liderazgo sostenible.
Fue promotora de proyectos de nutrición infantil y seguridad alimentaria de World Vision Ecuador. Con amplia experiencia en liderazgo comunitario y comunicación intercultural, destacó como productora y locutora del programa radial bilingüe "Guaguas Sanitos", enfocado en comunidades indígenas. Actualmente lidera iniciativas estratégicas en organizaciones basadas en la fe, fortaleciendo las capacidades para la transformación social y el desarrollo sostenible de la región.