¿Cómo está la participación de la niñez y adolescencia en tu comunidad de fe o iglesia?
Imagina esta escena: Entras a una iglesia evangélica en Chile, y observas que hay una gran cantidad de hermanos y hermanas que sobrepasan la mayoría de edad (18 años) y hay pocos niños, niñas y adolescentes. Parece una imagen de antaño recordar en las iglesias el sonido de los gritos, risas a carcajadas sin temor al qué dirán. La del niño que corre por todo lado, el bebé que está iniciando sus primeros pasos en la vida, niñas que juegan debajo de los asientos riéndose de forma espontánea. Los adolescentes mirándose con complicidad al compartir alguna noticia y riendo en silencio. Pero estas imágenes son solo ecos de una iglesia con niñeces y adolescencias que se ha ido desvaneciendo de a poco.
Seguro te preguntaras qué sucedió para que llegáramos hasta ahí. Si bien hay muchos factores contextuales, otra interrogante que se levanta y se convierte casi en un grito y resuena constantemente en este caminar con liderazgos religiosos es: ¡¿Qué podemos hacer para potenciar la participación de las niñeces y adolescencias en nuestras iglesias evangélicas?!
Esto una gran oportunidad para mirar y comprender factores, desafíos y oportunidades en relación a esto y en este blog lo iremos abordando uno a uno.
Primer factor contextual: Disminución de natalidad
Lo más evidente es señalar que existe una considerable disminución de la tasa de natalidad, especialmente en Chile, reflejando la cifra más baja en la historia. En el 2024 la tasa era de 1,06 hijos por mujer, en el 2025, la tasa fue de 0.97 hijos por mujer y las estimaciones poblacionales señalan que las tasas seguirán bajando (INE, 2026). No obstante, es relevante agregar un elemento que me parece interesante de posicionar en la temática, según la 11 Encuesta de la Juventud, en cuanto a natalidad sí existe un deseo de tener hijos por las juventudes “3 de cada 4 jóvenes que no tienen hijos, declaran desear tener al menos un hijo o hija” (INJUV, 2025), pero predominan razones de proyecto de vida, y económicas para no tenerlos. Esto creemos, es una tendencia que se irá viendo en el resto de la región.
Segundo factor contextual: Principios de derechos de la niñez y participación
Poco se conoce en las iglesias que la participación involucra un aspecto relevante en la vida cívica. El derecho a la participación ciudadana es parte de una sociedad en democracia. Las iglesias, por tanto, no quedan fuera, ya que son parte de la sociedad civil, y fomentar una participación social interna en las iglesias, no excluye a las niñeces y adolescencias.
Para comprender los principios de los derechos de la niñez, y cómo se vincula con la participación, iniciaremos con la etimología de la palabra “participar” que proviene del latinismo participare que significa tomar parte en algo: pars (la parte) y capere (tomar), es decir, tomar parte de un proceso de decisión ya sea en deseos o en prioridades definidos por las niñeces y las adolescencias. Existen instrumentos internacionales como la Convención de los niños y las niñas (ONU, 1989), que señalan en el artículo 23 lo siguiente:
“1. Los Estados Partes reconocen que el niño mental o físicamente impedido deberá disfrutar de una vida plena y decente en condiciones que aseguren su dignidad, le permitan llegar a bastarse a sí mismo y faciliten la participación activa del niño en la comunidad” (Naciones Unidas, 1989, art. 23).
Según la Guía para la participación infantil y adolescente, los requisitos para que la participación sea efectiva debe ser “Respetuosa (...) Relevante y con impacto (...) Transparente (...) Voluntaria (...) Amigable con la infancia y la adolescencia (...) Segura (...) Apoyada (...) Con respuesta” (EDE Conocimiento, 2022).
En ese sentido es relevante enfatizar que la participación es un proceso, que se realiza de forma gradual (según grupo etario y etapa de vida), lo cual permite desarrollar capacidades, hasta perfilar una autonomía de participación en una organización. Pero para ello, es necesario sentirse parte de la comunidad -en este caso particular- de las iglesias, con un sentido de pertenencia al colectivo, pero para lograrlo es necesario entrenarlo, preparando espacios, entregando herramientas, con el fin de dar un real interés y protagonismo a la participación de las niñeces y adolescencias.
El principal desafío: Poca relevancia y comprensión por parte de las iglesias acerca de la participación de niños, niñas y adolescentes en la vida comunitaria y espiritual.
En Mateo 19:14, Jesús dijo “Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (NVI, 2022).
La relevancia y centralidad en la niñez y adolescencia es un mandato en la iglesia primitiva y, por lo tanto, continua vigente hoy en día. Es Jesús quien les da un protagonismo en los evangelios, insertando el elemento de la centralidad de la niñez como ejemplo a sus seguidores.
Una participación saludable en la iglesia implica incorporar las voces de las niñeces y las adolescencias en la toma de decisiones de las iglesias evangélicas. ¿Cómo lo hacemos? Implementando modelos de participación en las iglesias; creando políticas de protección junto a las niñeces y adolescencias; creando espacios seguros para que sus voces puedan ser escuchadas; creando protocolos para saber cómo actuar en casos de violencias (psicológica, física o sexual), o protocolos para conocer cómo proceder en casos de deteriorada salud mental, como intentos de suicidio[1]; protocolos para duelos[2]; abriendo espacios de conversación sobre temas que sean relevantes para las niñeces y adolescencias como el bullyng o el ciberacoso; liturgias y predicaciones que incorporen a las niñeces y adolescencias; otras.
Para poder emprender estas acciones, el primer paso es dar la oportunidad de escuchar, crear y abrir los caminos para que esas voces resuenen nuevamente en las iglesias, con sus propias ideas, con sus propios pasos.
La gran oportunidad: Modelos de participación para mejorar la integración de las niñeces y las adolescencias en las iglesias evangélicas.
Como iglesias tenemos la oportunidad de incorporar modelos de participación que han sido desarrollados, probados – inclusive con evidencia científica - al trabajo con niñeces y adolescencias en las iglesias, que dan luces y sirven de marco orientador a quienes deseen abrir sus puertas a una real y eficaz participación de las niñeces y las adolescencias. Uno de los modelos que se utiliza en Chile y promueve la Defensoría de la niñez, y diversas organizaciones de la sociedad civil – entre ellas World Vision Chile – es el Modelo Lundy, creado por la Dra. Laura Lundy.
Este modelo ofrece un camino para ayudar a conceptualizar el Artículo 12 de la CDN. Se centra en cuatro elementos distintos, aunque interrelacionados. Los cuatro elementos tienen un orden cronológico racional:
1.Espacio: los niños y los jóvenes deben tener oportunidades seguras e inclusivas para formar y expresar sus ideas.
2.Voz: Se debe facilitar a los niños y los jóvenes para que expresen sus ideas; Audiencia, se deben escuchar las opiniones
3. Influencia: Se debe actuar sobre las opiniones, según corresponda (Gobierno de Irlanda, 2019, p. 15).
En su primera etapa, el modelo promueve el derecho a expresar opiniones, y en su segunda etapa, el derecho a que las opiniones se les de la debida importancia.
Para su implementación, sugiero revisar “La propuesta metodológica para la participación efectiva de niños, niñas y adolescentes”[3].
Conclusiones
La invisibilización de la niñez y adolescencia en las iglesias se puede transformar en voces fuertes y alzadas en pos de una iglesia común. Si bien es cierto existe una baja en la natalidad en Chile, y por cierto el menor número de niñeces y adolescentes en la iglesia pudiesen verse afectadas, no es lo mismo que tener niñeces y adolescentes que no participen en las iglesias. Ciertamente en sus iglesia los hay, pero responder a la interrogante ¿Cómo podemos fomentar la participación real de sus voces en las iglesias? Mi respuesta es: depende de usted. Sí, de que usted pueda empujar y abrir caminos de participación a ellos y ellas. Existen modelos de participación que fomentan y dan el camino que usted debe recorrer para lograrlo. Un modelo que sugiero y es de fácil implementación (no así de fácil aceptación), es el Modelo Lundy, que permite dar espacio, voz, audiencia e influencia a las niñeces y adolescencias.
La gran conclusión es, sí las iglesias no logran la incorporación de marcos metodológicos de participación real – no simulaba o asistencialista – donde las niñeces y adolescencias, sean sujetos de participación con una voz autónoma, y propia, no sólo estaremos contribuyendo a una iglesia que fertiliza sus semillas para potenciarlas, sino que también estamos aportando a una cultura cívica que promueve la democracia al interior de las iglesias evangélicas.
Sobre la autora:
Karina Sol Ojeda Nauco es socióloga, con estudios de teología, de confesión evangélica, formada en la Comunidad Teológica Evangélica de Chile. Posee un Magíster en Ciencias Sociales con mención en Estudios de la Sociedad Civil por la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y actualmente cursa el Doctorado en Estudios Americanos, especialidad en Estudios Internacionales.
Se desempeña en el área de Fe y Desarrollo en World Vision Chile, acumulando más de cinco años de experiencia en trabajo con iglesias y en iniciativas orientadas a la niñez.
[1] En Chile, la salud mental es una de las más deterioradas en la región. Han aumentado los ideas e intentos suicidas en la sociedad, y por supuesto en las iglesias evangélicas también, saber cómo actuar frente a ello es muy relevante.
[2] En una grabación de podcast, de Iglesias con la niñez. La pastora Claudia Rodriguez, señaló que realizó una liturgia de despedida de una mascota para una niña de la iglesia, ya que su duelo era muy fuerte, puesto que tenía un fuerte vínculo con su mascota, y ella con el amor que le da el ser parte del servicio a las niñeces, no sólo acompañó, sino que acogió con respeto la solicitud de la pequeña hermana de la iglesia.
[3] Véase el siguiente link https://www.defensorianinez.cl/wp-content/uploads/2019/12/Documento-Participaci%C3%B3n-de-NNA-13-12-2019.pdf.

