¿Qué pasa cuando una iglesia comienza a mirar su comunidad de otra manera?
Una iglesia puede tener un templo, programas, líderes y muchas actividades. Sin embargo, su capacidad de transformar una comunidad puede comenzar con algo mucho más sencillo: la manera en que mira a las personas y comprende su realidad.
Desde una cosmovisión bíblica, la fe no se limita al espacio de culto. Nos invita a reconocer la dignidad de cada persona, amar al prójimo, cuidar la creación y responder ante las necesidades de nuestra comunidad. Miqueas 6:8 lo expresa así: “¿Y qué pide el Señor de ti, sino hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios?”.
Durante el tiempo que llevo trabajando en World Vision en Bolivia, he tenido la oportunidad de conocer iglesias que han comenzado a ampliar su mirada. Sin perder su identidad, han descubierto que sus propios dones, espacios, líderes y relaciones pueden convertirse en recursos para bendecir a sus comunidades.
En Bolivia, este desafío es especialmente importante. Las iglesias están presentes en contextos urbanos, rurales, indígenas y periurbanos donde las familias enfrentan pobreza, violencia, migración, dificultades educativas, trabajo infantil, problemas de nutrición y diferentes situaciones de vulnerabilidad.
Frente a estas realidades surge una pregunta concreta: ¿qué podemos hacer en nuestra comunidad desde lo que somos y tenemos como iglesia?
Iglesias seguras, resilientes y buenas administradoras
Una iglesia segura puede convertirse en un espacio de paz, cuidado y protección para niñas, niños, adolescentes y familias. Proverbios 31:8 nos desafía a abrir nuestra boca por quienes no pueden hacerlo y defender a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Una iglesia resiliente no es aquella que nunca enfrenta dificultades, sino aquella que aprende a adaptarse, acompañar y sostener la esperanza en medio de las crisis. Gálatas 6:2 nos recuerda: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros”.
Y una iglesia mayordoma reconoce que no necesita tener grandes recursos para servir. Puede administrar responsablemente los dones de sus miembros, sus espacios, su tiempo, sus relaciones y los recursos que Dios ha puesto en sus manos. 1 Pedro 4:10 nos llama a ser “buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.
Iglesias convirtiendo la preocupación en oportunidades
Durante una visita a Lomas, en la zona sur de Cochabamba, conocí a la pastora María. Ella había identificado una situación que afectaba a niñas, niños y adolescentes cuyos padres trabajaban durante gran parte del día. Algunos permanecían solos o encerrados en sus hogares.
Su pregunta fue sencilla: “¿Cómo podemos ayudar a nuestros niños?”
A través del contacto con World Vision, encontró la posibilidad de desarrollar un pequeño proyecto de apoyo escolar durante las tardes. La iglesia puso a disposición su espacio y, sobre todo, su voluntad de servir; World Vision aportó acompañamiento y capacidades técnicas.
Una preocupación se convirtió así en una oportunidad para brindar educación, acompañamiento y un espacio más seguro para la niñez.
En otras comunidades también pude observar experiencias similares. En Plan 4.000, en Santa Cruz de la Sierra, una iglesia identificó la necesidad de que los jóvenes desarrollaran capacidades que pudieran abrirles nuevas oportunidades y comenzó a fortalecer habilidades técnicas, entre ellas la repostería.
En la Zona Ferroviaria de La Paz, otra iglesia utilizó sus capacidades y espacios para acompañar a niños y jóvenes a través de actividades educativas y musicales.
En la Amazonía conocí otra experiencia que me llamó especialmente la atención. El pastor Tete tenía un fuerte deseo de servir a los jóvenes de su comunidad, donde existían situaciones de riesgo relacionadas con el embarazo adolescente y dificultades educativas. A partir de esta preocupación, la iglesia, junto con World Vision, encontró una oportunidad para desarrollar una iniciativa educativa utilizando el deporte como herramienta para trabajar principios y valores.
En todos estos casos, la respuesta no comenzó con grandes presupuestos ni con estructuras complejas. Comenzó observando una necesidad y preguntándose qué podía hacer la iglesia con aquello que ya tenía.
La importancia de adaptarse y trabajar con otros
Una de las ideas que más me ha desafiado en este trabajo es la necesidad de que, frente a las crisis y las nuevas necesidades de las poblaciones más vulnerables, las organizaciones y las iglesias tengan la capacidad de adaptarse, reinventarse y buscar nuevas formas de responder, poniendo especial atención en quienes se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad.
Esto cambia la pregunta. Ya no se trata solamente de preguntar: “¿Qué programa podemos implementar?”, sino también: “¿Qué está pasando aquí y qué podemos hacer juntos?”.
La iglesia no tiene que solucionar por sí sola la pobreza, la violencia, la desnutrición o los problemas educativos. Su aporte puede estar en aquello que ya posee: presencia en el territorio, relaciones, líderes, espacios, capacidad de convocatoria, voluntad de servicio y, especialmente, su fe en Dios.
Darrow Miller ha destacado la importancia de la cosmovisión en la transformación cultural: la manera en que entendemos a Dios, a las personas y nuestra responsabilidad frente al mundo influye en la manera en que actuamos dentro de la sociedad.
Santiago 2:17 lo resume de manera contundente: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”.
Una iglesia que quiere convertirse en agente de transformación puede comenzar con tres preguntas sencillas:
- ¿Qué está pasando en nuestra comunidad?
- ¿Qué tenemos como iglesia que puede aportar?
- ¿Con quién podemos trabajar para hacerlo mejor?
Estas preguntas pueden ayudar a una iglesia a pasar de una mirada centrada únicamente en sus propias actividades a una mirada orientada hacia la comunidad.
Ser una iglesia agente de transformación no significa dejar de ser iglesia ni convertirse en una organización de desarrollo. Significa comprender que la fe también se expresa en la manera en que vemos, acompañamos y servimos a las personas.
Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra” y “vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:13-14).
Quizás la transformación de una comunidad no comienza con tener más recursos, más programas o un edificio más grande. Puede comenzar con algo mucho más sencillo: mirar nuevamente a nuestra comunidad, reconocer lo que Dios ya ha puesto en nuestras manos y preguntarnos cómo podemos utilizarlo para bendecir a otros.
Sobre el autor
Mauricio Hinojosa Ávila es Coordinador de Fe y Desarrollo de World Vision Bolivia. Cuenta con más de 17 años de experiencia trabajando con iglesias, líderes de fe y comunidades en Bolivia y toda Latinoamérica, promoviendo la articulación entre fe, desarrollo y acción comunitaria para contribuir al bienestar integral de niñas, niños, adolescentes y familias.

